La lucha de Gui’xhi’ Ro’ por la autonomía

Por Valentina Valle
Fotografías de Santiago F. Navarro y La Pirata

Agencia Autónoma de Comunicación Subversiones

http://subversiones.org/

 

Al acabarse el CNI, Betina Cruz Velázquez, «mujer binnizá de Juchitán, luchadora desde los 13 años», como ella misma se define, nos concedió una entrevista y le pedimos que contextualizara la lucha de la comunidad que hospedó este evento en el marco general de la resistencia istmeña frente al despojo de sus recursos naturales. La postura de Betina, quien fue activista de la COCEI hasta los años noventa y luego se dedicó a la academia antes de volver a la lucha social, fortalecida por las informaciones que logró colectar en sus investigaciones, no deja lugar a las dudas: «Esta es una lucha por el control del territorio».

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La decisión de la Asamblea General de Gui’xhi’ Ro’, ya tomada en febrero de 2013, de rechazar formalmente los partidos políticos y de recuperar sus instituciones tradicionales, en particular su policía comunitaria, es sólo el último paso de una lucha que viene dándose desde hace años, desde que los integrantes de la Asamblea de los Pueblos Indígenas del Istmo en Defensa de la Tierra y el Territorio (APIIDTT) empezaron a recorrer las comunidades difundiendo informaciones sobre las verdaderas intenciones de la empresa Mareña Renovables.

Este consorcio, inicialmente una filial de la española Preneal y que ahora comprende, ente otros, la japonesa Mitsubishi, el fondo de pensión holandés PGGM y el australiano Macquarie, pretendía realizar en la Barra de Santa Teresa uno de los parques eólicos más grandes de América Latina, con 132 torres aerogeneradores y una línea de transmisión de 52 kilómetros para conectar el parque con la red eléctrica. Un megaproyecto insertado por un lado en el más amplio Proyecto Mesoamérica –una mega inversión geoestratégica que se extiende desde México hasta Colombia y que comprende infraestructuras, producción energética y tratados de libre comercio– y por el otro en la carrera a la energía limpia que después del lanzamiento de la supuesta “Economía Verde” se volvió uno de los sectores más lucrativos gracias al comercio de los bonos de carbono y a la especulación financiera alrededor de sus derivados.

Betina destaca que, además de las consecuencias nefastas que la realización del parque habría tenido sobre la naturaleza y la vida de los pobladores, «nunca hubo consulta, los proyectos llegaron y no nos avisaron, ni siquiera tomaron en cuenta el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo del cual México es firmante y que obliga a los Estados a realizar una consulta previa, libre e informada a los pueblos indígenas antes de realizar cualquier obra en sus territorios». Y agrega: «en la lucha en contra del proyecto eólico en la barra de Santa Teresa, Gui’xhi’ Ro’ fue la pieza clave, porque Mareña Renovables no pudo pasar sobre la barricada que pusieron los comuneros, y ésta es la única entrada a la barra. Después de la expulsión de Mareña Renovables entonces, fue natural por la comunidad buscar la expulsión también de los que fueron la causa de su ingreso: los partidos políticos, hasta que ahora se declararon autónomos y no aceptan la realización de elecciones ni la promoción de partido o candidato alguno».

Eso se configura como un logro político que va más allá del rechazo de una empresa transnacional, y no sólo para una comunidad que en 2009, recuerda Betina, «todavía estaba dominada por los caciques de la zona», sino también para la misma APIIDTT que lo define como «un movimiento social y político, no partidista pero sí político, porque tiene el objetivo de la reconstrucción comunitaria de las comunidades, proceso encaminado también en Unión Hidalgo y Santa María Xadani». Una conquista que también explica la constancia de la represión que sigue abatiéndose sobre Álvaro Obregón y que procede tanto del lado del gobierno estatal, que no reconoce su autonomía negando las acreditaciones a sus autoridades, como del lado del gobierno municipal, donde el presidente Saúl Vicente Vásquez continúa considerando la comunidad «una mina de votos», como nos comenta el comunero Pedro López Orozco, encargado de la radio comunitaria y que denuncia «el intento de imponer representantes de partidos políticos con un proceso electoral impropio por parte de quien, para colmo, fue defensor de los pueblos indígenas como miembro del Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas de la ONU”.

Así el hostigamiento, las provocaciones y las amenazas continúan en contra de los comunitarios de Gui’xhi’ Ro’, demostrando que la verdadera problemática es, como nos dijo Betina en la parte inicial de nuestra entrevista, «una lucha para el control del territorio», y una lucha que viene desde lejos.

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